Finalmente la noche había llegado. Y tengo que admitir que estaba un poco nerviosa. Me he quedado despierta hasta las 5 de la mañana a caso de dos cosas: 1) una cena tarde, y 2) estaba haciendo trufas. Y el poco sueño que tuvé fue siempre interrumpido por los nervios que me sentía en el estomago. En realidad no sé porque estaba tan nerviosa, no era la primera vez que estaba presentando en frente de la gente. Ya lo hicé un million de veces. Puede ser por el hecho que estaba en Buenos Aires, uno de las ciudades mas grandes del mundo, presentando sobre una tema que era muy nuevo en el mundo de vino. Si, tenía una razón para estar nerviosa.
Mientras que la gente estaban llegando, podía ver diferentes expresiones en sus caras: algunos de duda, otros de anticipación, o otros que en realidad venía sin expectativas. Y el último es normal. Chocolate y vino es un nuevo concepto en la industria de vino, y muchas veces la gente no saben como va a salir. Y, la verdad, yo tampoco. Pero eso es la cosa linda, de poder experimentar hasta que encuentras un maridaje buenissimo. En el fin del día, el tema es chocolate y vino. Y nunca puedes equivocarte con eso.
Empezamos la noche con una breva charla sobre la historia del chocolate: de donde viene, quien lo usó, como evolucionó. Y de ahí empezamos a degustar. He decidido de usar una mezcla de trufas de chocolate y chocolate de barra, así podía exponer la gente a diferentes texturas. Con el tema de sabores y aromas, usé chocolate de denominación de origen de Bolivia, Venezuela y Ecuador. Como el vino, el chocolate tiene su propio perfil de aromas y sabores. Para mi, la parte mas divertida es de descubrir esos aromas y sabores únicos y después encontrar una manera de maridarlos con el vino.
Pasamos por cada uno, primero degustando el vino solo, analizando los sabores y aromas, y después probando el chocolate solo, pasando por el mismo proceso que con el vino. Cada vez que hago uno de estas degustaciones, siempre me quedo muy entretenida con la reacción de la gente al chocolate. Su primero impulso es de empezar a comer el chocolate inmediatamente, en que punto tengo que sacar la regla y rapar sobre las manos de todos.
Yo creo que es un habito que nosotros tenemos desde hace pequeños, y uno que estoy intentando de ayudar a la gente a cambiar. Estamos acostumbrados a comer la comida muy rápida, sin apreciar lo que estamos comiendo. Es una manera fácil de ingerir calorías y llenándonos para poder hacer otras cosas durante del día. Sin embargo, cuando te sientas a degustar algo, muchas veces te quedas lleno y comes menos. Eso es lo que pasa cuando empiezas a comer con todos tus sentidos.
Después empezamos a degustar los chocolates y los vinos juntos. Y eso, para mí, es donde la diversión empieza. Toda la gente se involucraron en el proceso, lentamente probando cado uno y experimentando que estaba pasando en la boca. Las miradas de alegría, sorpresa, y placer, fueron para mí el pináculo de la noche. Es eso que intento de enseñar, como a degustar y disfrutar de lo que están comiendo. Eso fue un verdadero ejemplo del despierto de los sentidos.
El menú de degustación fue:
- Chocolate semi-amargo de Rio Arriba, 62% de cacao, infundido con naranja. Maridaje: Crios Torrontes 2008
- Mi trufa de chocolate amargo infundido con malbec. Maridaje: Filia Malbec 2005 de Familia Gargantini
- Chocolate Amargo con Ají de Lindt. Maridaje: Malamado de Familia Zucchardi
Mi objective es siempre de hacer maridajes que no son tradicionales. Siempre me gustó de probar cosas nuevas, fuera del común, y eso filosofía es lo que incorporo en mis degustaciones. Yo creo que lorgramos esto con estes maridajes. El primero fue un vino blanco con un chocolate semi-amargo. Totalmente fuera del tradicional. La mayoría de blancos normalmente se maridan con un chocolate dulce, pero como esto tenía la naranja, sacó las frutas que se encuentran naturalmente a dentro del Torrontés. El segundo fue mi trufa especial. Fue hecha con un chocolate amargo de 72% de Bolivia, de la región de Moxos. La cremosidad y notas de cuero en la trufa maridaron bien con la fruta y el roble en el vino. Y el último es uno de mis favoritos. Un chocolate amargo infundido con ají. Este maridaje hizo una explosión de ají en la boca, pero el final se quedo con una dulzura que viene de un vino estilo Oporto.
En el fin de la noche, todas so quedaron encantados con el concepto del maridaje del chocolate y vino. Recibí muchos comentarios lindos y cumplidos sobre la experiencia que tuvieron ahí. Hasta que recibí un email de un participante confesando que el había llegado sin muchas expectativas de la noche. Primero, el no era un gran fanático del Torrontés, segundo tampoco no le gustaba mucho del chocolate, y finalmente no gustaba mucho de los vinos dulces. Pero al final, se quedó encantado con el Torrontés, el chocolate y compró dos botellas del Malamado. Me quedé sin palabras cuando recibí su email porque me hizo realizar que impacto los maridajes hicieron en la gente. La cosa mas importante para mi fue que han experimentado con algo nuevo y abrieron sus paladares a cosas que nunca habían considerado antes. Han degustado sabores nuevos y cambiaron sus perspectivas sobre el chocolate tanto como el vino. Y eso, para mí, fue el último triunfo: despertando sus sentidos.